Hacer el guirillot…

Estamos en plena epoca de vacaciones y  quien mas o quien menos ya ha hecho o esta pensando en su viajecito de verano. Todo el mundo repartido por todo el mundo. El de aquí, allá fotografiando la Basílica de San Pedro, y el de allá, aquí fotografiando la Sagrada Familia. Tiempo al tiempo, pero no tardará el día en que los gurús de la economía llegarán a la conclusión de que la verdadera globalización no la causó ni el fin de la guerra fría, ni la caída del muro de Berlín, ni internet, ni las líneas low cost. Señores, la globalización la inventaron los turistas.
Sri Lanka-084

Hoy por hoy, el turismo representa el 9 % del PIB y el 6% del comercio y genera uno de cada 11 puestos de trabajo en el mundo mundial. Hoy viajar ya no es cosa solo de ricos. Ya ha perdido todo su glamour. Hoy gracias a las compañías aéreas low cost, con billetes de avión a precio ridículo, gente normal y corriente se mueve a sus anchas por el mundo. Viajan en avión hacinados en asientos hechos para enanos paticortos, duermen en hoteles de cuatro estrellas pero que dan servicios de una, cenan con bermudas y/o camiseta de tirantes en restaurantes de una estrella Michelin, visitan en_DSC0029 chanclas monasterios y basílicas, disparan los flashes de sus cámaras digitales en las mismas narices de la Monalisa o empujan el carrito del súper en bikini. Triste panorama, si señor!

Ahora yo me pregunto, si el turista contribuye tanto al PIB del mundo, ¿por qué es tan vilipendiado? En los aviones, lo más cutre se llama “Turista”; cuando un hotel es ni chicha ni limoná es un hotel “categoría turista”. A veces desistimos de ir a algún sitio porque “es muy turístico”. Tenemos los “souvenirs para turistas”, objetos a menudo de dudoso gusto y calidad (normalmente made in china). Ah! Y después tenemos a esos intelectuales que tratando de poner tierra de por medio dicen que ellos son viajeros y no turistas. Pero, ¿acaso no hacen lo mismo?

Buscando una metáfora, diría que los turistas son como los gases. Se expanden poco a poco hasta ocupar todo el volumen disponible. Antes era la Coca Pisad0030Cola la que llegaba a cualquier rincón del mundo, por perdido que este fuera, ahora es el turista. Ahora invaden las calles, las plazas, los supermercados y los autobuses de tu propia ciudad. Pero también los encontraremos en Ushuaia, la punta más septentrional de mundo, en medio de las selvas amazónicas o de Uganda compartiendo un ratito con los gorilas, en las ruinas de Angkor, no se si ahora los veremos por los monasterios nepalís, pienso que si por aquello del morbo o en trineo por los glaciares de Islandia o en globo por la Pampa argentina. Si esto no es la globalización, que venga Dios y lo vea.

Pienso que esa mala reputación viene de que, cuando hacemos el turista, perdemos el norte, los modales, el buen gusto y hasta la vergüenza. Y ¿Por qué cuando nos transformamos en turistas perdemos todo lo antedicho? ¿Que hormona o que relé se activa en nuestro cerebro para que esto ocurra? ¿Es necesario repetir todos los tópicos y los gestos vistos antes hasta la saciedad en otros turistas? ¿Es necesario cumplir con todos esos esquemas, roles y poses fotográficas para tener unas descansadas vacaciones?

Hoy por hoy son preguntas sin respuesta. La ciencia todavía es incapaz de dar explicación y porque no, algún día la Marató de TV3 debería estar dedicada a obtener fondos para investigar este fenómeno…

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